Montevideo, 1983.
Roger destapa la tristeza de una latita de betún en una mañana de extremo frío al norte de Brazo Oriental. Mira a Wilbur el canario, le ofrece preparar el mate y buscar unas galletas de campaña de la alacena. - Creo que ya está. El resultado de la apuesta está listo - dice Nikki, la gata.
Roger ojea el reloj de pared y prende el calefón. Mira por la ventana: el afilador revisa un buzón ajeno. Wilbur lo apura: "Tu amabilidad es una fiasco! Antes me voy a picar migas de la estación Yatay. Veamos qué pasó con nuestro desafío."
Roger decía que la mancha de grasa que parecía de pollo llegaba antes al zócalo mientras que Wilbur escogió la que parecía de fritura.
Wilbur había seleccionado muy cuidadosamente su apuesta. Hizo un razonamiento apropiado que le llevó a ganar la contienda: su mancha tenía una pequeña colonia de moho, esos hongos peluditos que vemos crecer en el pan Bimbo o queso farming cuando envejece.
Al cabo de dos años, el peso de su mancha fue superior y gracias a la humedad del vapor de la caldera el moho creció. Cuando vio aquel rastro hasta la línea de meta que suponía el zócalo de azulejos de granito gris, el orgullo había colmado su corazón.

2 comentarios:
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